
En esta columna, como se habrán dado cuenta, hago un balance crítico, desde mi personal punto de vista, acerca de los objetos tecnológicos y la influencia que éstos derraman sobre la sociedad. Y, precisamente, llega el turno de hablar sobre el ubicuo, inevitable y fatal… vehículo automotor de uso personal.
Me pregunto, ¿porqué, de entre todas las soluciones posibles tenía que elegirse ésta? Pues, si vemos el panorama de la historia del transporte, parece que la propia historia y evolución del automóvil no representa el desarrollo más lógico e inteligente. Más bien, todo hace pensar que se trató del capricho de un inventor que logró imponer su visión personal al resto del mundo.
Antes que Henry Ford apareciera en escena ya se había avanzado mucho dentro de un sistema colectivo y racional. Como ejemplo, ahí estaban ya los ferrocarriles movidos por la energía del vapor. Si se hubiera seguido esa línea inventiva hasta sus últimas consecuencias, con la ayuda de tecnologías paralelas como la electricidad, la hidráulica, la neumática, etc. contaríamos con un medio de transportación eficiente, limpio, ecológico y universal. Imaginen una red subterránea a nivel global, (de alcance mundial) como sistema troncal de transporte para todos.
Por lo contrario, se privilegió un sistema clasista, individualista, predador, contaminante y absurdo. Los coches tirados por caballos cedieron su lugar al abominable vehículo propulsado por motor de explosión. Entonces fue cuando se torció la flecha evolutiva de la tecnología y se incurrió en un disparate a escala mundial. Pues se destinaron todos los capitales, los talentos y los esfuerzos en aras de un monstruo que, cada vez más, devora las entrañas y las riquezas del planeta. Y todo para beneficiar a un grupo de magnates que amasaron cuantiosas fortunas a la sombra de la explotación del trabajo humano.
Creo que no se ha estudiado lo suficiente el grado de dependencia psicológica que tienen muchos seres humanos con respecto al automóvil. Más que un vehículo utilitario que permite desplazarse a grandes distancias y, supuestamente, en menor tiempo; representa un símbolo de poder. Los rugidos amenazantes del sucio y maloliente motor de combustión interna, encerrado debajo de la cubierta, apenas se disimulan bajo las líneas aerodinámicas y, en algunos casos, bajo los detalles de lujo. En muchos casos el automóvil se convierte en un arma que desafía al entorno, sea éste humano, animal o vegetal. También puede ser visto como un objeto lúdico, un juguete para adultos, que encuentra su más cabal expresión en eventos como las carreras de autos, donde se permite desahogar y liberar la peligrosa adicción a la velocidad.
Por desgracia, aparte de estos conceptos, la presencia incesante del automóvil se extiende por todos los rincones del planeta. Gran parte de los recursos de las naciones se destina a realizar inversiones millonarias de infraestructura para la mayor gloria de su majestad de cuatro ruedas. Desplazando los capitales que podrían dedicarse a atender necesidades básicas de la población, se construyen súper-estructuras, moles de concreto armado en forma de autopistas, puentes y pasos a desnivel, que solo sirven como relumbre y ostentación para los gobernantes en turno.
Por ahora no hay reversa posible. Seguimos encadenados a un movimiento acelerado y continuo que puede precipitarse al abismo. El problema no es el automóvil en sí mismo, sino su multiplicación explosiva e imparable que asfixia al planeta con sus residuos y necesidades de transformación.
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3 comentarios:
Excelente!
La gasolina se transforma en gases, los metales en óxidos, los plasticos en hyper-polimeros,
el dinero migró a centros de poder financiero; ...sin embargo la saturación es la sentencia,
en esta se encuentra el pago de este absurdo mundial.
Hemos iniciado la debacle, la industria automotríz da sus últimos estertores, esto sin remedio
provocará día a día mas y mas despidos de sus enajenantes plantas industriales, pero; ...no
estamos preparados para la convergencia peatonal, se nos ha olvidado caminar a una gran
parte de la población mundial y es el petroleo en su agotamiento inexorable el que nos intenta
hacer pensar y reflexionar hacia una verdad: ¡ Tomamos el camino equivocado!
...¿Que hacer?
¿Y que pasa con el uso de biocombustibles como el ethanol?
¿Seguiremos arrasando las selvas y los bosques para cultivar maiz y caña de azucar a gran escala con el fin de proveer de combustible al ineludible automovil?
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