07 noviembre 2005

La Naturaleza Esquizoide 2

Podría aventurar una hipótesis:

El mundo en su devenir histórico ha atravesado por diversas eras que corresponden a la descripción clínica de ciertos trastornos mentales y de la personalidad. Pues bien, esto que a primera vista parece una idea absurda e insensata puede ser un punto de vista valioso para comprender lo que está pasando actualmente a nuestro alrededor.
Alguna vez cierto sector de la humanidad se comportó de manera paranoica. Baste con recordar la época oscura de la inquisición con su correspondiente quema de brujas. Y si vamos más allá encontraremos etapas históricas marcadas por un franco desdén a la inteligencia y la razón. Ha habido épocas desgarradoramente psicóticas y otras absolutamente neuróticas.
Pero, actualmente, el mundo parece enfilarse hacia un estadio esquizoide. Es decir, pareciera que los comportamientos globalizados de la humanidad están produciendo una incesante división o rotura en relación con el mundo y con la propia esencia humana.
Afirmo lo anterior al constatar la multitud de signos que encuentro a cada paso. No exagero al decir que existe una mutación en la forma de percibir la realidad que está condicionada por la tecnología. Hay evidencias contundentes acerca de una disociación de los elementos constituyentes del pensamiento humano. Y, digo humano, porque no me atrevo a abarcar el psiquismo animal en su conjunto... aunque, posiblemente, hasta ahí pudiera llegar el desajuste.
La tecnología informática, más que ninguna otra, ha orientado los mecanismos de la percepción. Pues, de manera gradual, ha modelado la nueva mentalidad del hombre de finales del siglo XX y principios del XXI. Mediante el lenguaje cifrado de las máquinas el discurso del hombre se ha distanciado de lo puramente humano para convertirse en una fusión de conceptos abstractos, donde abundan los monólogos delirantes y vacíos de contenido. No todo es así, pero... basta con asomarse a la red del ciberespacio para encontrar una amalgama de información valiosa junto a lo intrascendente. Hay un mar de conocimiento aguardando a una mente forjada en la edad de la razón. Pero todo aquello que la mente humana es capaz de abarcar, dejando de lado las etiquetas, parece asfixiar a una humanidad subdesarrollada en aspectos racionales y éticos. Tal vez no estamos a la altura de nuestras propias creaciones.
Quizá el abandono generalizado de un principio fundamental, sea religioso o filosófico, nos ha lanzado, como especie, hasta el fondo de un vacío existencial; donde la inseguridad ontológica ha instaurado deformaciones monstruosas dentro de la psicología humana.
Necesitamos romper la burbuja que nos aprisiona, que nos aísla y nos vuelve unos extraños hasta para nosotros mismos.
Tal vez esté llegando el momento de dar otro paso más dentro de la evolución humana. Pero antes de eso tenemos que vislumbrar el sentido de lo maravilloso y el eterno misterio que nos rodea.

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