Así como la música alcanzó la cumbre más alta en la época clásica, así también el viejo humanismo ha visto pasar sus mejores días.
El hombre interpreta el universo a su imagen y semejanza pues la extraña e insondable realidad no se deja apresar. Este afán es equivalente a instalar un complejo y avanzado software en una vieja máquina, gastada y obsoleta. Definitivamente, habría que cambiar el hardware por uno que estuviera a la altura de los objetivos.
Algunos dirán que la solución está en replantear el funcionamiento integral de la mente. Como si la psicología tuviera el poder de cambiar el entorno del mecanismo en que se mueve. La verdad es que no puede hacerlo. La mente acorralada del hombre actual solo puede resolver problemas coyunturales: Nanotecnología molecular… biotecnología… ingeniería genética… clonación… robótica… realidad virtual…
Todo esto nos lleva más allá del humanismo… hacia el transhumanismo.
El hombre interpreta el universo a su imagen y semejanza pues la extraña e insondable realidad no se deja apresar. Este afán es equivalente a instalar un complejo y avanzado software en una vieja máquina, gastada y obsoleta. Definitivamente, habría que cambiar el hardware por uno que estuviera a la altura de los objetivos.
Algunos dirán que la solución está en replantear el funcionamiento integral de la mente. Como si la psicología tuviera el poder de cambiar el entorno del mecanismo en que se mueve. La verdad es que no puede hacerlo. La mente acorralada del hombre actual solo puede resolver problemas coyunturales: Nanotecnología molecular… biotecnología… ingeniería genética… clonación… robótica… realidad virtual…
Todo esto nos lleva más allá del humanismo… hacia el transhumanismo.

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