Percibo, dentro de mí, un deseo insatisfecho que, lamentablemente, ninguna experiencia de este mundo puede satisfacer.
Por lo tanto, me atrevo a suponer que pertenezco a otro mundo, a un mundo superior que está más allá de todos estos circuitos, mecanismos, sistemas y organismos.
Pero, ¿acaso debo retornar al origen de mi triste vida animal? Imagino que al hacerlo desandaría el camino para encontrar la fuente de la verdad esencial.
Vuelvo a insistir, ¿Debo retornar al origen o proyectarme hacia un hipotético futuro? o bien, ¿me sería posible existir en un eterno presente, saboreando los instantes como si fueran infinitos?
Poder... tengo el poder de crear mundos complejos y universos de muchas dimensiones... para luego destruirlos en el lapso de un parpadeo. Con mi llegada apareció todo el firmamento pletórico de estrellas; el mismo que volverá a la nada cuando yo desaparezca. Por eso digo que tengo el poder, el máximo poder.
Sin embargo, hay algo que contradice todos mis razonamientos. Porque... ¿acaso debo reconocer la existencia de todas esas innumerables criaturas que dicen ser mis semejantes? Pues, si así lo hiciera, tendría que aceptar la multiplicación inútil de mi propia imagen llevada hasta el absurdo. Esta patética situación me obligaría a desnudarme de todo artificio para enfrentarme a la terrible realidad de ser tan solo un animal con delirio de grandeza.